La Ventana de Overton y el cambio silencioso de la sociedad

La llamada Ventana de Overton describe el proceso mediante el cual ideas que antes resultaban impensables, inaceptables o inmorales pasan, con el tiempo, a ser toleradas, luego aceptadas y finalmente promovidas como normales o incluso deseables. Este desplazamiento no ocurre de manera abrupta, sino a través de una lenta erosión de los límites culturales que tradicionalmente ordenaban la vida social. En la sociedad posmoderna, caracterizada por la permisividad y el relativismo, ese fenómeno se ha acelerado como nunca antes.

Durante generaciones, los principios éticos y morales funcionaron como normas de conducta estables, ofreciendo un marco claro para distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. Hoy, en cambio, esos referentes han sido diluidos por una cultura que privilegia la búsqueda del placer con el menor esfuerzo posible. La gratificación inmediata ha sustituido al mérito, la disciplina y el sacrificio. Como resultado, muchos jóvenes experimentan una profunda frustración frente a lo difícil, lo exigente o lo cuestionable, optando por caminos más rápidos, aunque menos sólidos.

Este cambio está estrechamente ligado a una sociedad de consumo alienante, que transforma deseos en necesidades y mide el valor de las personas por su capacidad de exhibir éxito, fama o bienestar material. En ese contexto, lo complejo se vuelve incómodo, y las verdades incómodas se reemplazan por narrativas simplificadas donde todo debe ser flexible, adaptable y negociable. Así, la antigua idea de que ciertas conductas eran inaceptables ha dado paso a una lógica en la que casi todo puede justificarse si produce satisfacción o popularidad.

La Ventana de Overton explica por qué valores antes considerados virtudes hoy son puestos en duda. La honestidad, la austeridad o la lealtad parecen ingenuas frente a una cultura que celebra la astucia, la exposición mediática y la transgresión. Lo que antes era motivo de vergüenza, ahora se exhibe sin pudor; lo que antes generaba reproche, hoy genera seguidores.

Este desplazamiento no afecta solo a la vida social: tiene consecuencias directas en la política y hasta en la forma de gobernar. Cuando los límites éticos se vuelven difusos, la corrupción se normaliza, el oportunismo se disfraza de pragmatismo y la irresponsabilidad se presenta como audacia. La sociedad, habituada a convivir con lo gris, termina aceptando que el poder también funcione sin principios claros.

La Ventana de Overton no es una teoría conspirativa, sino una advertencia. Las sociedades cambian cuando cambian sus tolerancias. Y cuando todo se vuelve relativo, lo único que permanece firme es el deterioro de aquello que antes daba sentido, coherencia y dignidad a la vida pública y privada.


Realizado por Hector Sosa Gennaro