
Desde una perspectiva actuarial, cualquier fondo jubilatorio debe sustentarse sobre tres pilares básicos: edad de jubilación razonable, monto de aportes suficientes y beneficios proporcionales a lo efectivamente contribuido. Cuando uno de estos elementos se distorsiona, el sistema entra en déficit. En Paraguay, el ejemplo más evidente de esta distorsión ha sido la Caja Fiscal de los parlamentarios, creada con beneficios que contradicen todos los principios de sostenibilidad financiera. Jubilaciones tempranas, aportes reducidos y prestaciones elevadas conforman un esquema inviable desde su concepción.
La consecuencia es clara: cuando los aportes no alcanzan para cubrir las jubilaciones futuras, el déficit es absorbido por el Tesoro Nacional. Es decir, por los impuestos que pagan millones de ciudadanos que no gozan de esos privilegios. Esta situación constituye una grave inequidad fiscal y previsional. En este contexto, la propuesta de algunos senadores de eliminar la Caja parlamentaria resulta técnicamente correcta, aunque tardía.
Una alternativa más justa y sostenible sería que los parlamentarios se integren a fondos previsionales existentes, bajo las mismas reglas actuariales que rigen para otros trabajadores del sector público o privado. No puede existir un sistema previsional separado, privilegiado y financiado indirectamente por el resto de la población.
Más allá del caso parlamentario, la realidad es que todas las cajas fiscales requieren ajustes estructurales. El aumento progresivo de la edad jubilatoria, la revisión del porcentaje de aportes y la adecuación de los beneficios a la esperanza de vida actual son medidas inevitables si se pretende preservar la viabilidad del sistema. Estas reformas deben realizarse con criterios técnicos, gradualidad y transparencia, evitando soluciones improvisadas.
Lo que debe rechazarse de manera absoluta es la idea de incrementar impuestos a la ciudadanía para cubrir déficits generados por mala administración y falta de previsión. El contribuyente no es responsable de sistemas previsionales diseñados sin estudios actuariales serios ni de la inoperancia de las autoridades encargadas de administrarlos.
El déficit de la caja fiscal no es un problema social, sino político y técnico. Corregirlo exige abandonar los privilegios, respetar la matemática previsional y asumir que la sostenibilidad no se decreta: se construye con reglas justas, responsabilidad y gestión profesional.
Realizado por Héctor Sosa Gennaro

